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¿Multitasking?¿De verdad?

Actualizado: 17 jul 2023


Intenta leer este post del tirón. Que nada te interrumpa su lectura. No porque vayas a descubrir la panacea. Es por entrenar algo que estamos necesitando a gritos: concentrarnos en una tarea, sólo una.


Mujer observando un cerebro gigante en llamas

Observa mientras lo lees la cantidad de impulsos para hacer otras cosas que van a surgir, de ideas que van a brotar, de sensaciones que se van a manifestar. Observa y continúa leyendo.


Seguro que te suena la palabra multitasking. Resulta que la primera vez que se utilizó este término fue en los años 60, para describir el desempeño de los ordenadores. Curiosamente el término nace con la revolución tecnológica. Te cuento esto porque hace unos años pude ir observando cómo cuando saltaba de tarea en tarea, sin terminar la primera, una sensación de desazón iba cuajando en mí. Así que me interesé por el tema y llegué al muy revelador Focus de Daniel Goleman.


Leí sobre atención, puse atención sobre mi atención. Fui recopilando vivencias y lecturas que me reafirmaron en que el multitasking no existe. En este vídeo de la BBC en colaboración con la Open University explican muy bien el fenómeno.


Lo que existe es dejar una tarea inacabada para comenzar otra. En los últimos tiempos se está investigando cómo esto afecta a la productividad. Steve Glaveski nos cuenta en este artículo del HBR cómo «estimaciones recientes encuentran que mientras cada cambio de tarea podría desperdiciar solo 1/10 de un segundo, si haces muchos cambios éstos pueden llegar a sumar un 40% de pérdida de productividad en el día».


Y sí, la pérdida de productividad es importante. A mi me parecen incluso más relevantes las emociones y sensaciones internas que produce. Insatisfacción, frustración, incomodidad, ansiedad, etc. Nuestro estrés aumenta cuando tenemos muchas tareas inacabadas, cuando permitimos las interrupciones constantes.


Nuestro cerebro es plástico, así que en la medida en que entrenamos el salto de tareas nos cuesta cada vez más concentrarnos. Tenemos una mente que tiende a la divagación, a la dispersión. Si le añadimos la velocidad y la interrupción crónica en las que vivimos, nuestro mundo emocional se va viendo afectado también.


Poner atención a nuestra atención es importante. Cuidarnos de evitar las interrupciones, o al menos reducirlas, terminar lo que tenemos entre manos antes de pasar a lo siguiente, tiene más importancia de lo que pensamos. Nos va a ayudar a generar mejores sensaciones, ralentizarnos, acallar un poco la divagación y terminar el día con la impresión de ganancia.


¿Has leído del tirón? Enhorabuena, hoy has invertido un rato en fortalecer tu atención en vez de dispersarla ☺️

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