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Secuestro emocional

Actualizado: 5 jun 2023

Dícese del momento en la que una emoción nos posee de manera más poderosa que lo habitual.


Montaje fotográfico de una mujer gritando y humo saliendo de sus orejas

Esta “posesión” se produce cuando hay un estímulo externo que desata la reacción emocional en nosotros. Como si se nos saltara el automático. Su función original es que sobrevivamos ante una amenaza externa, como escapar del peligro o atacar para defendernos.


El domingo pasado disfrutaba con mi hijo en el parque de la primera mañana de sol de un largo invierno. Me sentía relajada, contenta, feliz por poder estar con él. Nos acercamos a un columpio y un niño de 5 años hizo un comentario muy irrespetuoso sobre mi hijo. En ese momento mi pacífica mañana desapareció.


Noté cómo se me aceleraba la respiración, mi mente se focalizaba como si fuera una mira telescópica, me subía un calor desde las vísceras. Sentí agresividad hacia el niño. Pude contestarle de una manera controlada. Aún así, yo notaba como el enfado me poseía.


La ira me duró todo el día. Era capaz de percibirla en mi cuerpo y en mis pensamientos. También pude observar como la misma ira me había desatado la preocupación que como padres tenemos de que nuestro hijo pueda sufrir. Como siempre, las emociones vienen mezcladas.


Sufrí un “secuestrito” emocional, más que un secuestro emocional total. Es probable que controlara mi reacción porque era un niño de 5 años.


Pude observar lo que me estaba ocurriendo y ese es el primer paso para evitar el secuestro emocional. Ser consciente me permitió dar una respuesta constructiva, que también el padre del niño escuchó.


Como dice Daniel Goleman “Cuando digo controlar las emociones, quiero decir las emociones realmente estresantes e incapacitantes. Sentir emociones es lo que hace a nuestra vida rica"

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