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Optimismo realista

Actualizado: 5 jun 2023

Iba en el coche pensando en cómo escribir este post y, al encender la radio, escucho una tertulia sobre el feísmo. Una persona, de una empresa de publicidad,  contó que una conocida marca de muebles les encargó un anuncio, para el cual grabaron casas reales en las que aparecieran personas reales. Cuando testaron el anuncio el resultado fue que era demasiado real, que a la gente le gustaría más si fuera un poco más bonito. Decidieron modificar lo grabado. Al resultado de la «mejora» le llamaron «realismo idealizado». Otra de las personas que participaba en la tertulia dijo «vaya, un buen eufemismo para el concepto de mentira».


Primer plano de un ojo de un un cuadro

Me gustó la tertulia. Para mí encaja con esto que está tan presente hoy en día de enmascarar la realidad revistiéndola de optimismo desmesurado. Lo que la psiquiatra Jimmie Holland, fundadora de la psicooncología, llama «la tiranía del pensamiento positivo».


El optimismo nos coloca en una posición de apertura de posibilidades que nos permite avanzar en la vida. Hasta aquí va todo bien. La cosa se pone complicada cuando el optimismo nos desconecta de la realidad.


Cuenta Jim Stockdale, prisionero del Vietcong durante 8 años, que las personas que no salieron vivas de las prisiones vietnamitas fueron los optimistas en exceso. Aquellos que desconectaron de la realidad. Parece que el mecanismo de negar la realidad para poder afrontarla se apoderó de ellos. Es cierto que encararla a veces es agotador…


Pero la realidad es la que es. Eso sí, podemos interpretarla de la manera que nos resulte más liviana y favorable. Sin perder el sentido de la realidad, ya que si no nos encontraremos con la frustración de que las cosas no eran como las idealizamos.


La realidad nos ayuda a vivir con verdad y a sobrevivir cuando las cosas se ponen difíciles. Es demasiado valiosa como para que nos evadamos de ella.

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